Fray Diego DURAN


Aztecas salen de Chicomoztoc, 7 Cuevas.

Historia de las Indias de Nueva España

Capitulo XXVII

De cómo viéndose el rey Motecuhzoma, primero de este nombre, en tanta gloria y majestad, envió a buscar el lugar de donde sus antepasados habían venido, y a ver las Siete Cuevas, en que habían morado y habitado, y de los grandes presentes que envió para que ofreciesen allí y los diesen a los que allí hallasen.

* * * * * * *

1.- Después de lo susodicho cuenta la historia que, viéndose Motecuhzoma tan gran señor y en tanta gloria y con tantas riquezas, que se determinó de enviar a saber en qué lugares habían habitado sus antepasados y qué forma tenían aquellas Siete Cuevas, de que la relación de sus historias hacían tan particular memoria. Y para esto, mandó llamar a Tlacaelel y díjole:
"Determinado he de juntar mis valientes hombres y enviarlos muy bien aderezados y apercibidos, con gran parte de las riquezas que el dios de lo criado y señor por quien vivimos, del día y de la noche, nos ha comunicado, para que las ofrezcan allí y las den a los que hallaren en aquellos lugares. Y también tenemos noticia de que la madre de nuestro dios Huitzilopochtli quedó viva; podría ser que lo fuese todavía, y ofrecerle hian lo que llevasen y decirla hian que gozase de lo que su hijo había ganado con la fuerza de su brazo y pecho y con la fuerza de su cabeza."

2.- Tlacaelel respondió: "Poderoso señor, no es gobernado y movido tu pecho real por tu propio motivo, ni se mueve tu corazón por negocios humanos, sino, sin ninguna duda, por alguna deidad eterna, causa de todo bien en esta naturaleza criada, por cuya providencia, sapientísimo señor, te mueves a querer emprender una cosa tan grande. A lo cual te quiero responder -y perdóname, que parece que siempre te quiero sobrepujar en mis razones-. Has de saber, gran señor, que esto que quieres hacer y determinar, no es para hombres de fuerza, ni valentía, ni depende de destreza en armas, para que envíes gente de guerra ni capitanes con estruendo ni aparato de guerra, pues no van a conquistar, sino a saber y ver dónde habitaron y moraron nuestros padres y antepasados, y el lugar donde nació nuestro dios Huitzilopochtli."

3. - "Y para esto, antes habías que buscar brujos o encantadores y hechiceros, que, con sus encantamientos y hechicerías, descubriesen estos lugares porque, según nuestras historias cuentan, ya aquel lugar está ciego con grandes jarales, muy espinosos y espesos, y con grandes breñales, y que todo está cubierto de espesos carrizales y cañaverales y que será imposible hallarla, si no es por gran ventura."

4. - "Por tanto, toma, señor, mi consejo y parecer y busca esta gente que te digo, que ellos irán y la descubrirán y te traerán nuevas de ella, porque aunque nuestros padres y abuelos la habitaron, estaba muy viciosa y amena y muy deleitosa, donde tuvieron todo descanso y donde vivían mucho, sin tornarse viejos, ni cansarse, ni tener de ninguna cosa necesidad; pero después que de allí salieron, todo se volvió espinas y abrojos; las piedras se volvieron puntiagudas para lastimarlos y las yerbas picaban, los árboles, espinosos: todo se volvió contra ellos, para que no supiesen ni pudiesen volver allá."

5.- Motecuhzoma, viendo el buen consejo de Tlacaelel, acordó de llamar al historiador real, que se llamaba Cuauhcoatl, viejo de muchos años, y venido ante él, le dijo:
"Padre anciano, mucho querría saber qué memoria tienes en tu historia de las Siete Cuevas donde habitaron nuestros antepasados y abuelos, y qué lugar es aquel donde habitó nuestro dios Huitzilopochtli y de dónde sacó a nuestros padres."

6.- Respondió Cuauhcoatl: "Poderoso señor, lo que yo, tu indigno siervo sé, de lo que me preguntas, es que nuestros padres moraron en aquel felice y dichoso lugar que llamaron Aztlán, que quiere decir "blancura".

En este lugar hay un gran cerro, en medio del agua, que llamaban Colhuacan, porque tiene la punta algo retuerta hacia abajo y a esta causa se llama Colhuacan, que quiere decir "cerro tuerto".

7.- En este cerro había unas bocas o cuevas y cavidades, donde habitaron nuestros padres y abuelos por muchos años. Allí tuvieron mucho descanso, debajo de este nombre mexitin y aztecas.¹

8.- Allí gozaban de mucha cantidad de patos, de todo género, de garzas, de cuervos marinos y gallinas de agua y de gallaretas. Gozaban del canto y melodía de los pajaritos de las cabezas coloradas y amarillas. Gozaron de muchas diferencias de hermosos y grandes pescados. Gozaron de gran frescura de arboledas que había por aquellas riberas, y de fuentes cercadas de sauces y de sabinas y de alisos grandes y hermosos."

9.- Andaban en canoas y hacían camellones en que sembraban maíz, chile, tomates, huauhtli, frijoles y de todo género de semillas de las que comemos y acá trujeron. Pero, después que salieron de alli, a la tierra firme, y dejaron aquel deleitoso lugar, todo se volvió contra ellos. Las yerbas mordían, las piedras picaban, los campos estaban llenos de abrojos y de espinas. Y hallaron grandes jarales y espinos, que no podían pasar, ni había donde asentarse, ni donde descansar. Todo lo hallaron lleno de víboras y culebras y de sabandijas ponzoñosas y de leones y tigres y otros animales que les eran perjudiciales y dañosos. Y esto es lo que dejaron dicho nuestros antepasados, y en mis historias antiguas tengo escrito. Y ésta es la relación que de lo que me preguntas, poderoso rey, te puedo dar."

10.- El rey respondió que así era verdad, porque Tlacaelel daba aquella relación misma. Y así, mandó luego que llamasen y buscasen por todas las provincias a todos los encantadores y hechiceros que pudiesen hallar. Y fueron traídos ante él sesenta hombres que sabían de aquella arte mágica, ya gente anciana.

11.- Y díjoles: "Padres ancianos, yo he determinado de saber dónde es el lugar de donde salieron los mexicanos y qué tierra es aquella y quién la habita, y si es viva la madre de nuestro dios Huitzilopochtli. Por tanto, apercibíos de ir allá, con la mejor forma que pudiéredes y lo más breve que ser pueda."

12.- Y mandó luego sacar gran cantidad de mantas, de todo género de ellas, y de vestiduras de mujer y de piedras ricas, de oro y de joyas muy preciosas; mucho cacao y teonacaztli, algodón, rosas de vainillas negras, muchas en cantidad, y plumas de mucha hermosura, las mejores y más grandes. En fin, de todas las riquezas de sus tesoros lo mejor y más precioso, y entrególos a aquellos hechiceros, dándoles a ellos sus mantas y paga, para que lo hiciesen con más cuidado, con mucha comida para el camino.

13.- Ellos partieron y, llegados a un cerro que se dice Coatepec, que está en la provincia de Tula, allí todos juntos hicieron sus cercos e invocaciones al demonio, embijándose con aquellos ungüentos que para esto los semejantes (a ellos) suelen hacer, y hoy en día usan. Porque hay grandes brujos entre ellos e indios endemoniados.

14.- Diránme: "¨Pues cómo no se descubren? Porque se encubren unos a otros y se guardan de nosotros más que nación en el mundo, y es que en nada se fían de nosotros, y así están los delitos encubiertos de nosotros y secretos entre ellos, que por maravilla se alcanza alguna cosa, y si alguna cosa acaso sabemos, luego no falta quien solicita solaparlo y que se calle."

15.- Así, en aquel cerro invocaron al demonio, al cual le suplicaron les mostrase aquel lugar donde sus antepasados vivieron. El demonio, forzado por aquellos conjuros y ruegos, y ellos, volviéndose en forma de aves unos, y otros, en forma de bestias fieras, de leones, tigres, adives, gatos espantosos, llevólos el demonio a ellos y a todo lo que llevaban a aquel lugar donde sus antepasados habían habitado.

16.- Llegados a una laguna grande, en medio de la cual estaba el cerro Colhuacan, puestos a la orilla, tomaron la forma de hombres que antes tenían, y cuenta la historia, que vieron alguna gente andar en canoas, en pescas y en sus granjerías y que los llamaron. La gente de la tierra, como vio gente nueva y que hablaban su misma lengua, llegáronse con las canoas, a ver lo que querían, y preguntáronles que de dónde eran y a qué venían.

17.- Ellos respondieron: "Señores, nosotros somos de México, y somos enviados de nuestros señores a buscar el lugar donde habitaron nuestros antepasados." Ellos les preguntaron que qué dios adoraban. Ellos dijeron que el gran Huitzilopochtli, y que el gran rey Motecuhzoma y su coadjutor, Tlacaelel, les habían mandado viniesen a buscar a la madre de Huitzilopochtli, que se llamaba Coatlicue, y el lugar de donde salieron sus antepasados, que se llamaba Chicomoztoc, y que le traían cierto presente a la señora Coatlicue, si era viva, y si no a sus padres y ayos que la servían.

18.- Ellos los mandaron esperar y fueron al ayo de la madre de Huitzilopochtli y dijéronle: "Señor venerable, unas gentes han aportado a esta ribera, los cuales dicen que son mexicanos y que los enviaron acá un gran señor que se dice Motecuhzoma y otro que se llama Tlacaelel, y que traen cierto presente y ofrenda para la madre de su dios Huitzilopochtli y que les fue mandado se lo diesen ellos propios." El anciano les dijo: "Sean bien venidos; traedlos acá."

19.- Luego volvieron con sus canoas, y metiéndolos en ellas a ellos, y a lo que llevaban, los pasaron al cerro Colhuacan, el cual de la mitad arriba dicen que es de una arena muy menuda, que no se puede subir, por estar tan fofa y honda. Y entrando en una casa que el viejo tenía al pie del cerro, saludáronle con mucha reverencia y dijeron: "Venerable viejo y señor, aquí somos llegados tus siervos al lugar donde es obedecida tu palabra y reverenciado el anhélito de tu boca."

20.- El les respondió: "Seáis bien venidos, hijos míos. ¨Quién os envió acá?" Ellos dijeron: "Señor, enviónos Motecuhzoma y su coadjutor Tlacaelel, que por sobrenombre tiene Cihuacoatl." El viejo dijo: "¨Quién es Motecuhzoma y quién Tlacaelel? ­No fueron de acá tales nombres! Porque los de acá fueron: Tezacatetl, Acacitli, Ocelopan, Ahatl, Xomimitl, Ahuexotl, Huicton, Tenoch. Y éstos eran siete varones, y éstos siete iban por caudillos de cada barrio. Sin éstos, fueron cuatro ayos de Huitzilopochtli, maravillosos, los cuales se llamaban Cuauhtloquezqui y Axolohua y otros dos.

21.- Ellos les respondieron: "Señor, nosotros te confesamos que no conocemos ya a esos señores, ni los vimos; ya no hay memoria de esos que mientas, porque todos son ya muertos. Oído los hemos mentar alguna vez." El viejo espantado respondió, haciendo gran admiración : "Oh señor de lo criado!, pues, ¨qué los mató? ¨Por qué en este lugar todos somos vivos los que ellos dejaron, ninguno se ha muerto? ¨Pues quiénes son los que viven ahora?" Ellos le dijeron que los nietos de aquellos que él nombraba.

22.- Preguntóles a quién tenía ahora por padre y ayo el dios Huitzilopochtli. Dijéronle que un gran sacerdote, que se llamaba Cuauhcoatl, el cual hablaba y decía lo que quería (el dios) y a quien revelaba su voluntad. "¨Vísteslo vosotros -dijo el viejo-ahora que partistes? ¨Díjoos algo?" Ellos respondieron que no, y que los que los habían enviado eran el rey y su coadjutor, pero que él no les había mandado ni dicho nada.

23.- Dijo el viejo: "Pues, ¨no avisará cuándo ha de volver? Por acá dejó dicho a su madre que él volvería, y está la pobre hasta el día de hoy, en espera, tan triste y llorosa, que no hay quien la consuele. ¨No fuera bien que la viérades y le hablárades?" Ellos respondieron: "Señor, nosotros hicimos lo que nuestros señores nos mandaron, y traemos un presente a la gran señora, y nos mandaron que la viésemos y la saludásemos y le diésemos a ella misma los despojos y riquezas de que su hijo goza." El viejo dijo: "Pues, tomad lo que traéis, y andad acá."

24.- Ellos echáronse a cuestas el presente y fuéronse tras el viejo. El cual empezó a subir por el cerro arriba con gran ligereza y sin pesadumbre. Ellos, tras él zahondando por la arena, con gran pesadumbre y trabajo. El viejo, volviendo la cabeza, vídolos que la arena les llegaba casi a la rodilla y que no podían subir. El cual les dijo:"¨Qué habéis? ¨No subís? Daos priesa."

25.- Ellos, queriéndolo seguir, quedáronse metidos y atascados en la arena hasta la cintura, y no pudiendo menearse, dieron voces al viejo, que iba con tanta presteza que parecía que no tocaba la arena. El viejo volvió y dijo: "¨Qué habéis habido, mexicanos? ¨Qué os ha hecho tan pesados? ¨Qué comáis allí en vuestras tierras?" "Señor, comemos las viandas que allá se crían y bebemos cacao."

26.- El viejo les respondió: "Esas comidas y bebidas os tienen, hijos, graves y pesados, y no os dejan llegar a ver el lugar donde estuvieron vuestros padres, y eso os ha acarreado la muerte. Y esas riquezas que traéis, no usamos acá de ellas, sino de pobreza y llaneza. Y así, dadlo acá y estaos allí, que yo llamaré a la señora de estas moradas, la madre de Huitzilopochtli, para que la veáis." Y tomando una carga de aquellas en los hombros, la subió como si llevara una paja, y volviendo por las otras, las subió con gran facilidad.

27.- Acabado de subir todo lo que los mexicanos traían, salió una mujer de gran edad, según mostraba en su aspecto, y la más fea y sucia que se puede pensar ni imaginar. Traía la cara tan llena de suciedad y negra, que parecía cosa del infierno. Y llorando amargamente les dijo: "Seáis bien venidos, hijos míos; habéis de saber que después que se fue vuestro dios y mi hijo Huitzilopochtli de este lugar, estoy en llanto y tristeza, esperando su tornada, y desde aquel día no me he lavado la cara, ni peinado mi cabeza, ni mudado mi ropa. El cual luto y tristeza me durará hasta que él vuelva. ¨Es verdad, hijos míos, que os enviaron los señores de aquellos siete barrios que llevó de aquí mi hijo?"

28.- Ellos, alzando los ojos y viendo una mujer tan abominable y fea, llenos de temor, se le humillaron y dijeron: "Grande y poderosa señora, los señores de los calpules no los vimos, ni nos hablaron. El que nos envía acá es tu siervo el rey Motecuhzoma y su coadjutor, Tlacaelel Cihuacoatl, para que te viésemos y buscásemos el lugar donde habitaron sus antepasados y mandáronos te besáramos las manos de su parte."

29.- "Que seas sabidora cómo él reina ahora y rige la gran ciudad de México, y que sepas que no es él el primer rey, que él es el quinto, y que el primero que reinó fue llamado Acamapichtli y el segundo Huitzilihuitl, y el tercero, Chimalpopoca, y el cuarto, Itzcoatl, y que þyo su indigno siervo, soy el quinto y que me llamo Huehue Motecuhzoma, y quedo muy a su servicio."

30.- "Y que sepas que los cuatro reyes pasados pasaron mucha hambre y pobreza y trabajo y que fueron tributarios de otras provincias, pero que ahora ya está la ciudad próspera y libre, y se han abierto ya y asegurado los caminos de la costa y de la mar y de toda la tierra. Y que ya México es señora y princesa, cabeza y reina de todas las ciudades, pues todos están a su mandar. Y que ya se han descubierto las minas de oro y de plata y de piedras preciosas, y que ya se ha hallado la casa de las ricas plumas. Y para que lo veas, te envía estas cosas y presente, que son los bienes y riquezas de tu hijo maravilloso Huitzilopochtli, el cual con su hrazo y pecho, cabeza y corazón ha adquirido, lo cual nos concedió el Señor de lo criado, del día y de la noche. Y con esto damos fin a nuestras razones."

31.- Ella les dijo, ya algo aplacada de su llanto: "Sea norabuena, hijos míos; yo se lo agradezco a esos mis hijos. Decidme: ¨Son vivos los viejos que llevó de aquí mi hijo?" Ellos le respondieron : "Señora, no son ya en el mundo. Muertos son, y nosotros no los conocimos no ha quedado más de su sombra y memoria." Ella tornó a su llanto y dijo: "¨Qué los mató? Pues acá todos son vivos sus compañeros."

32.- "Y decidme, hijos, esto que traéis, ¨es de comer?" Ellos dijeron :"Señora, de ello se come y de ello se bebe. El cacao se bebe y lo demás se revuelve con ello y a veces se come." "¨Eso os tiene apezgados, hijos míos, y ha sido la causa de que no hayáis podido subir acá. Pero, decidme: ¨El traje de mi hijo es de la manera que muestran estas mantas, y plumas, y riquezas?" Ellos le dijeron: "Señora, sí; así se compone y adereza y así se atavía con esas riquezas y galanías, porque es señor de todas ellas."

33.- Respondió Coatlicue: "Está muy bien, hijos míos; mi corazón queda quieto, pero decidle que tenga lástima de mí y del gran trabajo que paso sin él. Miradme cuál estoy, en ayuno y penitencia, por su causa. Ya sabe que me dijo cuando se partía: "Madre mía, no me detendré mucho en dar la vuelta, no más de cuanto llevo a estos siete barrios y los aposento en donde han de habitar y poblar aquella tierra que les es prometida. Y habiéndolos asentado, y poblado, y consolado, luego volveré y daré la vuelta."

34.- "Y esto será en cumpliéndose los años de mi peregrinación y el tiempo que me está señalado, en el cual tiempo tengo de hacer guerra a todas las provincias y ciudades y villas y lugares, y traerlos y sujetarlos a mi servicio. Pero por la misma orden que yo los ganare, por esa misma orden me los han de quitar y tornar a ganar gentes extrañas y me han de echar de aquella tierra."

35.- "Entonces me vendré acá y me volveré a este lugar, porque aquellos que yo sujetare con mi espada y rodela, esos mismos se han de volver contra mí y han de empezar desde mis pies a echarme cabeza abajo, y yo y mis armas iremos rodando por el suelo. Entonces, madre mía, es cumplido mi tiempo y me volveré huyendo a vuestro regazo, y hasta entonces, no hay que tener pena. Pero lo que os suplico es que me déis dos pares de zapatos, los unos para ir, y los otros para volver, y dadme cuatro pares, dos para ir y dos para volver.' Y yo le dije: 'Hijo mío, id norabuena, y mirad que no os detengáis, sino que en cumpliendo ese tiempo que decís, os vengáis luego'.

36.- "Paréceme, hijos míos, que él se debe de hallar bien allá y hasta se quedó y no se acuerda de la triste de su madre, ni la busca, ni hace caso de ella. Por tanto, yo os mando que le digáis que ya es cumplido el tiempo, que se venga luego, y para que se acuerde que le deseo ver y que soy su madre, dadle esta manta de nequén y este braguero o ceñidor de lo mismo, para que se ponga."

37.- Ellos tomaron la manta y braguero y volvieron a descender del cerro. Estando en la falda de él, empezó la vieja a llamarlos y a decir :"Esperad ahí y veréis cómo en esta tierra nunca envejecen los hombres. ¨Véis este mi viejo ayo? Pues dejadlo descender y veréis cuando llegue allí a donde vosotros estáis qué mozo llega."

38.- El viejo muy viejo empezó a descender, y, mientras más bajaba, más mozo se iba volviendo, y cuando llegó a ellos, llegó mancebo de 20 años. Y déjoles: "¨Veisme mancebo? Pues, mirad lo que pasa: yo quiero tornar a subir, y no subiré más de hasta la mitad del cerro, y volveré de más edad."

39.- Tornó a subir, y desde la mitad del cerro se volvió y viéronle el aspecto como hombre de cuarenta años. Y tornó a volver y subió muy poquito, cuanto veinte pasos, la halda del cerro. Tornó a volver, y tornó viejo, muy viejo, y díjoles: "Habéis de saber, hijos, que este cerro tiene esta virtud: que el que, ya viejo, se quiere remozar, sube hasta donde le parece, y vuelve de la edad que quiere. Si quiere volver muchacho, sube hasta arriba, y si quiere volver mancebo, sube hasta un poco más arriba de la mitad, y si de buena edad, hasta la mitad, y así, vivimos aquí, mucho, y todos son vivos los que dejaron vuestros padres, sin haberse muerto ninguno, remozándonos cuando queremos."

40.- "Mirad: todo ese daño os ha venido y se os ha causado de ese cacao que bebéis y de esas comidas que coméis: ésas os han estragado y corrompido y vuelto en otra naturaleza. Y esas mantas y plumas y riquezas que trujisteis y de que usáis, eso os echa a perder."

41.- "Pero, porque no váis sin retorno de lo que trujisteis a vuestros señores." Hizo traer de todos los géneros de patos y ánsares y garzas y aves marinas que en aquella laguna se crían, y de todos géneros de pescados que en ella se crían, y de todos géneros de legumbres que en aquella tierra se dan, y de todos géneros de rosas que hay en ella, y haciendo grandes sartas de ellas, se las dio y juntamente les dio mantas de nequén y bragueros, uno para el rey Motecuhzoma y otro para Tlacaelel, diciéndoles les perdonase, que él no tenía otra cosa que les enviar, y con esto, los despidió.

42.- Ellos tomaron su presente y, vueltos a hacer los cercos y conjuros, y embijándose, como a la venida, se volvieron en las mismas figuras y especies de animales que en la venida, y caminando en aquella forma, llegaron al cerro Coatepec y allí se juntaron y tornaron en su figura racional, llegando unos antes y otros después y contándose y mirándose los unos con los otros, hallaron veinte menos y admirándose de verse así diezmados, y que faltaba la tercia parte, dijeron algunos que las bestias fieras con que habían topado los habían comido y las aves de rapiña.

43.- Y no debió ser, sino que el demonio los tomó y diezmó en pago de su trabajo, porque dice la historia que fueron en diez días y volvieron en ocho, camino de trescientas leguas y aun tardaron mucho, porque en más breve los pudiera llevar y traer, el que trujo a otros en tres días desde Guatimala, por el deseo que una dama vieja tenía de verle aquella buena cara, como se relató en el primer auto que en México celebró la Santa Inquisición.

44.- Llegados a México todos los brujos y hechiceros, llevaron el presente que habían traído delante de Motecuhzoma y le dijeron: "Señor, nosotros hemos cumplido lo que nos mandaste y tu palabra se pagó, con haber visto lo que deseabas saber, y hemos visto aquella tierra de Aztlan y de Colhuacan, donde habitaron y de donde salieron nuestros padres y abuelos, y traemos de aquellas cosas que allá se dan y crían."

45.- Y sacando las sartas de mazorcas frescas y las sartas de semillas y rosas, de todas diferencias, de las que en aquella tierra se crían, y tomates, chile, y las mantas de nequén que aquella gente les enviaba, y bragueros, diéronle relación de todo lo que con la madre de Huitzilopochtli les había acontecido y con su ayo el viejo, y de cómo lo habían visto mozo y viejo y de buena edad y de cómo en aquella tierra eran vivos todos los que sus antepasados habían dejado, y de las quejas grandes que Coatlicue tenía de Huitzilopochtli su hijo, y de cómo lo esperaba y lo que le dejó dicho, que en cumpliéndose cierto tiempo, había de ser echado de esta tierra y que había de volver a aquel lugar, porque por la mesma orden que había de sujetar las naciones, por esa misma orden le habían de ser quitadas y privado del dominio y señorío que sobre ellas tenía.

46.- El rey mandó llamar a Tlacaelel e hizo tornar a referir delante de él todo lo que les había acontecido y dar la parte que, a él en particular, del presente le enviaban, y contándoles la gran fertilidad de la tierra y frescura de las arboledas y el modo que de buscar lo necesario para el sustento tenían, y cómo andaban en canoas y hacían camellones encima del agua, para sembrar y criar aquellas legumbres que comían, la gran abundancia de muchos géneros y diferencias de pescados que había, como en el presente que traían podían notar, la gran multitud de aves marinas de todo género, la suavidad y melodía que de cantos de aves había de diferentes pajaritos, grandes y pequeños; la diferencia de sementeras que allí había unas, para coger, ya sazonadas; otras, en mazorca fresca y en leche, y otras que entonces empezaban a estar en cierne, y otras que nacían. De suerte que en aquella tierra jamás no podía haber hambre.

47.- Contáronles cómo no habían podido subir a lo alto del cerro, y cómo habían quedado metidos en la arena hasta la cintura, y que el viejo andaba por ella muy diligente y había subido todo lo que habían llevado y lo había dado a la señora de aquel lugar y madre de Huitzilopochtli, y que la causa de no haber podido llegar allá, les dijeron había sido el haber comido de aquellas cosas pesadas y corruptas, de cacao y frutas de las que acá se crían, y la pena y espanto que habían recibido en saber la muerte de los viejos que de aquella tierra habían venido.

48.- Motecuhzoma y Tlacaelel empezaron a llorar y hacer grande sentimiento, acordándose de sus antepasados y del deseo que de ver aquel lugar les dio. Y diciendo a los que habían ido que descansasen, que se lo agradecían, mandáronles dar a todos de vestir y algunas cosas por su trabajo, y hacerles merced y llevar la manta de nequén y braguero al templo, y que se le diese a Huitzilopochtli, pues su madre se lo enviaba.