8 de Febrero de 2002; Viernes de la 4ª sem. "B"

Sir 47, 2-11; Marcos 6, 14-29

Reunión de los Abates y Abadesas de España

 

H O M I L Í A

 

            En este Evangelio estamos en presencia de dos personajes principales y de dos segundarios.  Los dos principales son Juan Bautista y el rey Herodes.  Sería difícil encontrar dos personas más diferentes una de la otra.  Juan es un hombre sin poder, pero libre, que no conoce ningún miedo.  Herodes  es un príncipe potente, pero esclavo de sus miedos y de las personas que lo rodean.  Da donde viene al primero esa libertad y al segundo esa esclavitud.

 

            Juan es un hombre libre porque tiene un corazón de pobre.  Tiene una misión y existe solamente para esa misión. Desde años se nutría en el desierto de la palabra de Dios y esperaba la venida del Mesías en la oración.  Cuando vino da él   el Mesías, pudo reconocerlo;  pudo oír la voz del Espíritu Santo que le dijo que Jesús era Él que tenía que venir; y pudo también oír la voz del Padre : "Éste es mi hijo amado".  Porque era un pobre, que no buscaba nada y no tenía nada que perder, era sumamente libre.  Discípulos se eran reunidos alrededor de él;  pero no eran "sus" discípulos, no eran su propiedad.  Les envió a Jesús diciendo : "Éste es el cordero de Dios".  Aún su vida no era importante para él; entonces no temía la muerte, y cuando había algo que decir al rey Herodes lo decía sin temer las consecuencias. 

 

            Herodes, por contrario, es aparentemente un hombre potente e rico.  Puede prender lo que quiere, aún la mujer de su hermano.  Puede disponer de lo que posee, y parece dispuesto a dar a la hija de Herodía todo lo que quiere.  Pero es un hombre atormentado --  atormentado por sus miedos y tirado en varias direcciones por deseos opuestos.  Es una personal débil más que mala.  Es esclavo de sus miedos, de lo que los otros piensan de él, de sus instintos, de los deseos de Herodía.  Tiene una verdadera admiración para Juan, pero no le perdona haberle reprochado su conducta.  Lo tiene en cárcel, pero le gusta oírlo. No quiere matarlo, pero lo amaza para no perder la cara. 

 

            Herodía es muy diferente.  No es débil como Herodes.  Es la persona realmente mala que para vengarse de una ofensa quiere matar y lo hace la prima vez que la posibilidad le es dada.  La hija no tiene consistencia.  No sabe lo quiere.  Es, como Herodes, esclava de la Madre.

 

            Herodes representa todas nuestras debilidades, nuestros compromisos, nuestros miedos y nuestros cálculos. Juan, en contrario, en su grande humildad, pobreza y libertad es nuestro modelo como personas humanas, como cristianos y como monjes y monjas.  Ojalá que podamos llegar a esa pobreza de corazón, a esa libertad que nos permitirá permanecer escondidos para escuchar la palabra en el silencio, pero que nos dará el ánimo de hablar cuando se debe hablar sin ningún miedo de las consecuencias.

 

            En cada uno de nosotros hay un poco de cada uno de esos personajes.  Pidamos a Juan que nos obtenga la gracia que Cristo mismo crezca siempre más en nosotros.