La historia de la Congregación cisterciense de la Alta-Germania

Artículo comunicado por Dom Kassian Lauterer, Mehrerau

 



 

La Congregación cisterciense de Mehrerau puede ofrecer una mirada retrospectiva sobre cuatro siglos de historia. Tuvo que cambiar de nombre en varias ocasiones a causa de los procesos internos de la Orden o de los trastornos políticos; la continuidad jurídica, en sí misma, no ha experimentado ninguna interrupción.

La antigua Orden Cisterciense no incluía congregaciones nacionales o regionales, pero las abadías autónomas estaban unidas por el principio de filiación, como ramas y ramificaciones de un mismo tronco y unas mismas raíces, es decir, unidas a la casa fundadora de Císter y a las cuatro primeras abadías.

Como los capítulos generales y las visitas anuales de los abades se hacían cada vez más imposibles por la extensión geográfica de la Orden, sobre todo en tiempos de disturbios, nacieron las congregaciones regionales con la aprobación de la Santa Sede;  en su mayoría permanecían vinculadas a la Orden, pero a veces llevaban una vida completamente independiente del capítulo general. De este modo se constituyeron:

-    1425: Martín V : la congregación de Castilla, (cf dossier anterior)

-    1497: Alejandro VI: la congregación de san Bernardo en Italia (cf dossier siguiente)

-   1567: Pío V: la congregación de Portugal, (cf dossier anterior)

-   1616: Pablo V: la congregación de la Corona de Aragón (cf dossier anterior)

-   1623: Gregorio XV : la congregación romana (cf dossier siguiente)

 

1. La Congregación de la Alta-Germania:

La iniciativa de reunir los monasterios cistercienses de monjes y monjas de la "Alta-Germania" parece dimanar a la vez de Roma y de Císter.  A decir verdad, las decisiones del Concilio de Trento no alcanzaron directamente a la Orden de Císter. Las órdenes monásticas debía fomentar relaciones entre los monasterios en vistas a la reforma, pero como prácticamente, en las regiones germonófonas de la Orden la participación en el capítulo general y las visitas de los abades eran defectuosas, la orden se vio en la obligación de cambiar de estructura. En todo caso, Clemente VIII exhortó en 1593 al abad de Císter, Edmond de la Croix (1584-1604) con dos breves sucesivos a visitar los monasterios de la Alta y Baja Germania, así como a los de las provincias y reinos limítrofes, y celebrar un capítulo provincial. El abad general se puso pronto en acción y visitó numerosos monasterios de monjes y monjas. Sus actas, que se conservan, dan buena idea de  situaciones personales extremamente frágiles y modos de vida no siempre edificantes en los monasterios. El primer capítulo provincial tuvo lugar el 15 de Noviembre de 1593 en Salem, aunque sin el abad general. Los abades presentes eligieron al abad de Salem, Christian Fürst, como abbas provincialis.

En la fiesta de la Exaltación de la Cruz de 1595, el abad Edmond de la Croix convocó otro capítulo provincial en Fürstendelf. Diecisiete abades respondieron a la invitación. El acontecimiento más relevante de este capítulo fue la aceptación de los estatutos de reforma de Fürstendelf, probablemente redactados y ya llevados allí por el abad general. El sucesor de Edmond como abad de Císter, Nicolas II Boucherat (1604-1626) visitó en 1607 y nuevamente en 1608 Alemania y Suiza. Desde 1606, el Papa Pablo V exhortó al Nuncio de Lucerna, Giovanni della Torre, a reunir todos los conventos cistercienses del territorio de la nunciatura en una Congregación. Esta idea agradó a los abades suizos, alsacianos y de Brisgovia, que tenían ante sus ojos el modelo de las congregaciones benedictinas suizas nacidas en 1602. El abad de Wettingen Pedro Schmid (1594-1633), por miedo a la ingerencia de los abades alemanes se constituyó en defensor de este "pequeña solución", sobre todo en interés de los monasterios de monjas.

La Congregación de la Alta-Germania debe su fundación a la energía y al compromiso del abad Thomas Wunn, de Salem (1615-1647).  Ante la insistencia del abad general invitó a reunirse en  Salem los abades y delegados de Alemania del Sur, en noviembre de 1617, con el fin de formar una congregación. Las decisiones tomadas en esa reunión no correspondían plenamente a las ideas del abad de Císter, aunque la aprobación de la nueva Congregación no figura en la lista de los asuntos tratados por el Capítulo general de 1618.

El 12 de Noviembre de 1618 tuvo lugar en Salem otro capítulo provincial, que emprendió las modificaciones deseadas. Con el impulso de esta reunión, el 27 de diciembre de ese mismo año tuvo lugar una nueva sesión, a la cual Dom Nicolás II Boucherat delegó con plenos poderes en su comisario el P. Baudouin Moreau, en presencia del cual se firmaron y sellaron los estatutos.  A finales de junio de 1621 tuvo lugar en Salem un capítulo provincial extraordinario, donde se trató la cuestión de las visitas de los monasterios de monjas, cosa que todavía no estaba regulada para las 7 regiones católicas de Suiza. El Capítulo general de Císter aprobó la Congregación de la Alta-Germania el 28 de Mayo de 1623.

El Papa Urbano VIII otorgó a la nueva Congregación, a petición del abad presidente Thomas Wunn, de Salem, los privilegios de la Congregación de Castilla, con el breve Romanus Pontifex, del 10 de Julio de 1624. Por otro breve del 17 de Octubre de 1624, Cum sicut accepimus, el mismo Papa exhortó al abad de Císter a animar a todos los abades de la Alta-Germania, teniendo en cuenta el anhelo y deseo de Su Santidad, a unirse a la citada Congregación. Era al menos una aprobación indirecta por parte del Papa.

Los capítulos de 1624 y 1627 en Salem, y de 1626 en Kaisheim revisaron nuevamente los estatutos y distribuyeron la congregación en cuatro provincias, lo cual suprimió toda clase de reserva frente a una fuerte centralización. Así fueron aprobados los Estatutos el 25 de octubre de 1628 por el abad general Pedro Nivelle. Las provincias así erigidas comprendían:

1.         La provincia de Suabia: Kaisheim con los monasterios femeninos de Oberschönenfeld, Niederschönenfeld, Kirchheim y Lauingen; Salem con los monasterios femeninos de Wald y Heiligkreuztal, Tottenmünster, heggbach, Gutenzell, Baindt y Neidingen; Schönthal, Stams.

Tras el edicto de restitución del Emperador Fernando II, formaron parte también los monasterios de hombres de Maulbronn, Herrenalb, Bebenhausen, Königsbronn, los monasterios femeninos de Rechenshofen, Zimmern, Frauenzimmem y Lichtenstern durante cierto tiempo. Pero los intentos de restauración fracasaron.

2.         La provincia de Franconia: Ebrach con el monasterio femenino de Himmelspforten; Langheim; Bronnbach; Bildhausen.

3.         La provincia bávara: Aldersbach con el monasterio femenino de Seligenthal; Waldsassen; Walderbach; Raitenhaslach; Fürstenfeld; Fürstenzell; Gotteszell; a estos se añadieron los monasterios de monjas de Seligenporten y Bülenhofen.

4.         La provincia de Suiza, Alsacia y Brisgovia: Lucelle con los monasterios femeninos de Königsbrück y Olsberg; Neubourg; Hauterive con los monasterios femeninos de la Maigrauge y la Fille-Dieu; Pairis; Tennenbach con los monasterios femeninos de Güntersthal, Wonnenthal, Lichtental y Friedenweiler; San Urbano con los monasterios femeninos de Rathausen y Eschenbach; Wettingen con los monasterios femeninos de Frauenthal, Magdenau, Kalchrain, Feldbach, Tänikon, Wurmsbach y Gnadenthal.

Hasta 1642 no tuvo lugar en Schönthal el siguiente capítulo de la Congregación, con poca asistencia a causa de los disturbios de la guerra.  En 1645 los abades, de los cuales una parte estaban desterrados en Suiza, se reunieron en Wettingen para el sexto capítulo de la Congregación.  Tras la guerra de los Treinta años, tuvo lugar un capítulo, en 1654, en la abadía de monjas de Rottenmünster, cerca de Rottweil, bajo la presidencia del abad General Claude Vaussin. Este capítulo revisó de nuevo los estatutos. En la Dist. I Cap. I, se decide que el superior de la Congregación no será llamado "Praeses", sino "Vicarius Generalis Congregationis", y los cuatro superiores de las provincias "Vicarius Generalis Provinciae". Es evidente que en la cabeza de la Orden se temía una independencia creciente o incluso una separación entre las congregaciones.

Entonces comenzó la edad de oro de la Congregación. Liberados de las pesadillas de la guerra y  de los pillajes, que a veces obligaban a huir a comunidades enteras, los monasterios se recuperaron económicamente; comenzaron a construir nuevos edificios,  se renovó el personal,  abrazaron poco a poco  una disciplina más estricta,  una liturgia conforme a la tradición de la orden, y  un ordo.  Nuevas formas de vida espiritual como la meditación, el retiro anual, el examen de conciencia y la promoción de la piedad popular, y las peregrinaciones marcaron abiertamente la orientación jesuítica en Alemania del Sur.  Numerosos monjes jóvenes recibieron su formación teológica en las grandes escuelas jesuíticas. Pronto las abadías más importantes tuvieron su propio studium y pequeñas escuelas monásticas.

En un catálogo de los monasterios y del personal hecho en la Idea Chronotopographica Congregationis Cisterciensis per Superiorem Germanicum, se cuentan 22 monasterios de monjes con 595 sacerdotes, 123 hermanos profesos, 79 conversos, y 30 monasterios de monjas con 732 monjas coristas, 243 conversas, es decir, un total de 1772 personas sin contar los novicios.

Algunas tentativas de los primeros abades, sobre todo del de Morimond, por volver a restablecer la visita según la estructura de la Orden y en contra del derecho de la Congregación, fueron total y enérgicamente rechazadas en el Capítulo general de 1667.

La Revolución suprimió Císter y todos los monasterios de la región francesa. El último abad de Císter, François Trové se retiró con su familia a Dijon, donde murió en 1797, muy anciano y en el año 49 de su abadiato. Antes de morir otorgó -con autorización papal- sus plenos poderes sobre la Congregación de la Alta-Alemania al presidente, el abad  Schlecht de Salem; éste los pasó a su sucesor Caspar Oechsle. Desde 1802 y 1803 la secularización aniquiló todos los monasterios de la Congregación en Alemania, excepto los monasterios de monjas de Seligenthal, Oberschönenfeld y Lichtenthal, cuyas hermanas tuvieron permiso de permanecer en sus monasterios hasta la muerte. De esta congregación tan floreciente en el pasado sólo quedan Stams en el Tyrol, las tres abadías suizas de Hauterive, San Urbano y Wettingen, y  once monasterios de monjas en Suiza.

 

2. La Congregación cisterciense helvética:

El abad de Wettingen, Sebastian Steniegger (1768-1807) hizo suya la idea de su predecesor Pierre Schmid e hizo grandes esfuerzos por dar vida a una congregación cisterciense en Suiza. Con la ayuda del nuncio en Lucerna, los abades y abadesas suizos obtuvieron esa fundación por el decreto In Sublimi Apostolicae Sedis Specula del Papa Pío VII, del 12 de diciembre de 1806. El último abad de Salem, Caspar Oechsle, abrió el camino al renunciar el 3 de octubre de 1806 a todos sus derechos sobre los monasterios suizos.

Se conservaron esencialmente los estatutos de la Congregación de la Alta-Germania. El superior general no era elegido cada tres años - como lo quería el decreto papal, sino que los tres abades tomaban por turno ese cargo. El superior general hacía la visita a los monasterios de monjes, presidía las elecciones abaciales y confirmaba a los elegidos. También podía presidir las bendiciones abaciales en las abadías consistoriales de Hauterive y de Wettingen, salvo si el nuncio hacía uso de su prerrogativa. En los monasterios de monjas estas funciones recaían siempre en los padres inmediatos, salvo la confirmación de las elecciones que incumbía al superior general.

Un escrito del abad Joseph Fontana, de Santa Croce de Roma, que se declaró superior general de la Orden cisterciense, invitó el 4 de Junio de 1825 al abad de Wettingen, Alberico Deutzler a viajar a Roma con motivo del año jubilar. La finalidad de esa invitación era negociar la unión de todas las abadías que todavía existían con los cistercienses de Suiza.  Tras hablar con los abades de Hauterive y San Urbano, el abad de Wettingen declinó finamente la invitación invocando dificultades políticas y la distancia.  No se tuvo ningún capítulo de Congregación.

Las Acta Congregationis Helveto-Cisterciensis redactadas por el secretario de la congregación y por el abad de Wettingen, Alberic Deutzler, y más tarde por el abad Alberic Zwyssig hasta 1845, relatan minuciosamente todos los acontecimientos, hechos y gestos del abad general.

Hacia 1830 el liberalismo clerical suizo se cambió en un anti-clericalismo cada vez más fuerte que declaró la guerra a todos los conventos; la primera víctima de este combate fue Wettingen en 1841, seguida de Hauterive, San Urbano, Rathausen en 1848, y los tres monasterios de Thurgovia: Kalchrain, Feldbach y Tänikon.

Al acabar su trienio como superior general, el abad Léopold Hoechle de Wettingen (1840-1864) obtuvo del Papa Pío IX, con fecha 7 de octubre, que a pesar de haber sido expulsado de su monasterio, continuara como visitador de la Congregación cisterciense austriaca con plenos poderes de abad general.  Cuando la comunidad de Wettingen se retiró a Mehrerau en Austria, un decreto de la congregación para obispos y regulares, fechada el 14 de Agosto de 1854, confirmó al abad sus derechos de superior general de la Congregación suiza. Las actas del abad en las abadías de monjas en Suiza, y las numerosas informaciones y correspondencia  con los monjes supervivientes de Hauterive y San Urbano prueban que ejerció sus derechos.

En 1859 se fusionaron las abadías de Wettingen-Mehrerau con el priorato de Stams a ruegos del Cardenal Schwartzenberg de Praga, para asemejarse a la Congregación Cisterciense Austriaca. Pero el ex-abad de Wettingen-Mehrerau permaneció como superior  general de los monasterios de monjas de la Congregación Suiza que había sobrevivido.

 

3. La Congregación suiza-alemana:

            Tras la refundación de la abadía de Marienstatt en 1888, se hizo presente la idea de un renacimiento de la antigua Congregación de la Alta-Germania y de Suiza. El abad Maurus Kalkum de Wettingen-Mehrerau (1878-1893) y el obispo de Limburg solicitaron la aprobación de la restauración a la Sede apostólica.  Se pidió expresamente incorporar la abadía de Marienstatt a la Congregación cisterciense helvética. El rescripto papal tiene la fecha de 9 de mayo de 1888.

El 17 de Junio de 1891 tuvo lugar en Viena un capítulo general de la Orden, donde el abad de Hohenfurt Leopold Wackarz fue elegido abad general. A Mehrerau se le presentó el problema importante de separarse de la provincia austro-húngara. El capítulo general aceptó esta proposición. Un decreto de la Congregación de obispos y religiosos del 20 de julio de 1891 aprobó las decisiones más importantes del capítulo general. En ese decreto se menciona el hecho de que, para una mejor dirección, la Orden podía subdividirse, además de la Congregación italiana ya constituida, en tres vicariatos subordinados al abad general; esto es: la Congregación belga, la Congregación suizo. alemana y la Congregación austro-húngara.  Se vio en esto la confirmación oficial por parte del Papa del renacimiento de la Congregación. El procurador general de entonces, Heinrich Smeulders quiso evitar temerosamente la palabra "congregación", cosa que Mehrerau y Marienstatt refusaron para conservar la continuidad con la Congregación de la Alta-Germania y de Suiza.

Los estatutos, bastante semejantes a sus modelos, recibieron la aprobación del abad general el 8 de marzo de 1894. No se trata de un vicariato sino de una congregación suizo-alemana. La función del vicario general se delega en el abad de Wettingen-Mehrerau. En la edición del Catálogo de 1895, Mehrerau y Marienstatt figuran como los dos padres supervivientes de San Urbano y el conjunto de los monasterios de monjes. En cuanto a las monjas, Frauenthal, Magdenau, Wurmsbach, Eschenbach, así como Mariastern-Gwiggen, Rathausen-Vézelise y las dos hermanas supervivientes de Gnadenthal son las que constituyen los monasterios de monjas.

En 1898, Mehrerau pudo restablecer la antigua abadía cistercienses de Sticna en Carniole.

Por parte de los monasterios de monjas, Frauenthal, Magdenau y Wurmsbach siguieron de manera ininterumpida bajo la dirección de la Orden y de la Congregación. Eschenbach estaba bajo la jurisdicción del nuncio, más tarde bajo la del obispo de Basilea, el cual  delegó sus poderes en el abad de Mehrerau desde 1870.

La Maigrauge pudo volver a  tener contacto con la Congregación en 1901, y obtener un padre-abad. Oberschönenfeld permaneció hasta 1897 bajo la jurisdicción del obispo de Ausburgo. Después se unió de nuevo a la congregación y bajo la vigilancia del abad de Marienstatt. Mariantern-Gwiggen tomó la sucesión de la abadía de Kalchrain en Turgovia; Feldbach y Tänikon retornaron en 1856 a Mehrerau, pero el tema de la incorporación no quedó clarificado durante muchos años. La situación del convento de Rathausen fue análogo: tras un intermedio en Vézelise, cerca de Nançy, esta casa se estableció en 1902 en Thyrnau, cerca de Passau.

La historia de la Congregación y su desarrollo en el siglo XX está muy  vinculada a los acontecimientos históricos de Alemania, Austria-Hungría y Suiza.

Gabriel Lobendanz

Kolumban Spahr

Kassian Lauterer

 

Preguntas para la reflexión:

1. Esta etapa de la historia cisterciense se caracteriza por el deseo de unidad. ¿Por qué se otorga tanta importancia a la unidad? ¿Cuáles son las fuentes de la unidad?

2.- ¿Cuáles son los valores que deben constituir de manera absoluta la unanimidad?

3. En el contexto del mundo actual cómo se expresa la fidelidad a los valores de la edad de oro de la Orden? ¿Cómo se nos provoca a una "fidelidad creativa" en la familia cisterciense?

4.- La fidelidad de Císter es creadora de comunión entre lenguas y culturas, razas y mentalidades. ¿Cómo percibimos esta realidad en la vida concreta de nuestras comunidades?