LA PEDAGOGIA EN LA ESCUELA DE CARIDAD

LA FORMACION ADECUADA A LA CULTURA Y A NUESTRO TIEMPO

 

Madre Geneviève-Marie de Echourgnac

 

 

 

Hacer una labor pedagógica en la Escuela de caridad es:

* interesarse por una persona capaz de dejarse enseñar,

* buscar los medios adaptados al fin perseguido,

* poder verificar, por medio de criterios muy precisos, que esos medios son buenos,

* conducir a esta persona al pleno ejercicio de su libertad por el compromiso definitivo.

Ese programa no puede realizarse mas que en un tiempo y una cultura determinados. Ello comporta : - una pedagogía inicial

- una pedagogía de transformación

 

I - UNA PEDAGOGIA INICIAL

El que se presenta en el monasterio hace gala de una fuerza interior que le llevó a dejar una familia, un trabajo..., a llamar a la puerta del monasterio, y pedir entrar para cambiar de vida. El pedagogo está llevado a considerar en primer lugar esta fuerza del "noviter veniens",antes de discernir las motivaciones de los actos decisivos que acaba de hacer. Hay que decirlo,existe, al comienzo de una vida monástica una fuerza, un empuje que hay que tomar en consideración. S.Benito aconseja incluso medir la intensidad y la duración llevándola hasta el máximo. ¿Cómo? ¡Por el rechazo!... Y si el término parece un poco fuerte, solo es el eco de la negación que aparece desde este primer versículo del capítulo 58 de la Regla: "No se concederá facilmente la entrada al que venga como novicio para cambiar de vida",« para tener la verdadera vida, la eterna» (Pról. 17)

Este primer rechazo puede parecer hoy día bastante simbólico pero no es raro que al recién llegado se le haga esperar más o menos tiempo para que crezca su libertad de elección.

El primer gesto verdaderamente pedagógico, la primera acción educativa está, por lo tanto, en esta barrera que hay que franquear. Es la primera experiencia de purificación que debe hacer el recién llegado: entrar por la puerta de la humildad, del aguante, de la paciencia...porque la puerta de una escuela de caridad no puede ser más que una puerta estrecha. La calidad y el acierto de este primer contacto me parecen importantes. Hay ya aquí una forma decisiva e impactante para un comienzo de vida nueva, una pedagogía inicial, se podría decir. Desde el comienzo hay que hacer la prueba probando. El recién llegado es llevado a profundizar su propio interrogante, a dejar tal vez su seguridad, a acrecentar su deseo íntimo de seguir a Aquél que le llama. Este primer rechazo es como el golpe necesario para hacer que vibre el corazón y detectar las resonancias del alma.

 

1. UNA PEDAGOGIA DE DOCILIDAD

* La experiencia del rechazo

Esta pedagogía inicial es una pedagogía de acomodación. Es incómoda para el discípulo, y más aún para el maestro que tiene la responsabilidad de adaptarla a la persona. Este debe ejecutar su primera intervención con amor, pues sólo el amor puede "adaptarnos" a la persona de Jesús. También debe mirar de un modo positivo y desinteresado al que viene y que lleva en su corazón el Misterio de Dios que le habita y le llama por su nombre. Respecto al recién llegado, debe aceptar ser recibido no con una efusión ciega y poco constructiva, sino por un acto purificador que comienza a hacerle discípulo del Maestro manso y humilde de corazón. Esto contrasta con la mentalidad de hoy que da una importancia ciega a la afectividad. Esta afectividad, parte esencial del ser humano, deberá ser reeducada.

El novicio se encuentra pues conducido desde el comienzo de su vida monástica a descubrir que la escuela del servicio del Señor es una escuela de caridad donde no puede sentirse de golpe en sintonía con ella. Pues esta escuela de Amor le atrae y él se escapa porque esta es la obra de Dios; ella sostiene en pie por su dimensión trascendental sobre la cual se apoya la debilidad humana; ella habla del Misterio de la alianza entre lo que tiene de divino y lo que permanece pobre y pecador.

* La experiencia de la distancia

Tras la experiencia del rechazo viene la experiencia de la distancia. El acoplamiento necesita de distancia espacial y temporal. "Estará unos días en la hospedería. Después se le llevará al noviciado donde meditará, comerá y dormirá" Esta distancia puede provocar en el recién llegado una decepción, pues la sociedad actual cultiva la inmediatez en el consumo, en el goce, reduciendo las distancias hasta la fusión, e incluso la confusión. Es en este lugar separado, el noviciado, y dando tiempo al tiempo, como se probará atentamente la determinación que mostró al pedir el ingreso.

Esta distancia tomada en relación al lugar y al tiempo va acompañada también por una distancia respecto de la actividad, de las responsabilidades y de las relaciones. El recién llegado deberá aprender a sufrir y a vivir estas rupturas de un modo consciente.

El que persiste en llamar para cambiar de vida, deberá persistir viviendo (en sentido literal, pues se le lleva a una casa), en la distancia y en la espera, trabajando activamente para conocerse, por medio de los diversos grados de la verdad, hasta que su petición esté bastante madura y sea conforme con la escuela de la caridad.

* La experiencia de la necesidad de la gracia.

- ¿Qué pides?

- La Misericordia de Dios y de la Orden.

Pedir la Misericordia es un gesto elocuente de parte del que ha perseverado hasta entonces. Esto presupone el camino de descenso en sí mismo que la distancia y el tiempo han permitido...con la ayuda del formador. Esto supone las súplicas dirigidas al Salvador. Esto también supone el descubrimiento de la compasión como base de las relaciones fraternas.

* Un Anciano y la Regla

Para realizar este descenso hacia la profundidad, la pedagogía inicial propone como medios "un Anciano" y "la Regla".

S.Benito describe el pedagogo de la escuela de caridad como el que es "apto para ganar almas" ¿Podríamos, tal vez, traducir hoy esta expresión por: "apto para la relación", una persona que dé e inspire confianza, que sepa vigilar y despertar a la vez?

Junto al Anciano, inseparablemente, está la Regla. El anciano "apto para ganar almas" debe ser también "apto para hacer amar la Regla". La lectura repetida de este texto formará parte de esta pedagogía de acoplamiento y será como un espejo comparativo, un medio de transformación y de verificación.

 

2. UNA PEDAGOGA DE OBSERVACION Y DISCERNIMIENTO

La pedagogía de la Regla concede mucho espacio a la observación y al discernimiento: "Que examine con cuidado si el novicio busca de verdad a Dios".

* Ad quid venisti?

La prueba del comienzo, el trabajo del sufrimiento permiten sondear el corazón: ¿dónde tiene sus raíces el deseo del recién llegado? En el desierto que recorre, comienza a hacerse la pregunta crucial que resonará en cada etapa de su vida: "Ad quid venisti?" Esta cuestión debe alcanzar las profundidades de la persona, hasta la fuente de su ser, como una sonda que, descendiendo, atravesara las máscaras, y pasa por la criba las dimensiones de la persona: memoria, voluntad, afectos... El pedagogo sigue este descenso, y el novicio, por la apertura de su corazón, intenta describirle la trayectoria inédita y dolorosa que acontece en las profundidades de su ser. Normalmente, en los mejores casos, uno y otro acceden a este tesoro: Dios murmura un nombre único y espera la respuesta de una libertad. Sólo al final del descenso el maestro y el discípulo pueden autentificar la búsqueda de Dios. Entonces experimentan algo del gozo y de la paz que sobrepasa todas las cosas: la certeza de que es verdaderamente Dios el que ha impulsado al discípulo a venir y a perseverar en su petición.

* El celo

Pero buscar a Dios en esta Escuela de Caridad debe todavía manifestarse por medio de criterios precisos: un celo "en el servicio de Dios, en la obediencia y en las humillaciones". Es este celo ( y S.Benito no se contenta con hablar de simples disposiciones o predisposiciones) el que poco a poco configurará al novicio.

 

II UNA PEDAGOGIA DE TRANSFORMACION

Consentir en dejarse educar, es consentir en recibir su FORMA, es decir, su figura cisterciense propia, su imagen-semejante a Dios. Ahora bien, la Forma es Cristo que, tras el Himno a los Filipenses, teniendo condición divina, tomó el aspecto de esclavo. Es con El con el que hay que conformarse para ser transformado, participando de su Gloria tras haber tomado parte en su abajamiento.

 

1. CRISTO: FORMA, FORMADOR, PEDAGOGO

Nuestras Constituciones reconocen bien que todos los medios necesarios para vivir y permanecer en la Escuela de Caridad "no son técnicas humanas, y no pueden aprenderse de maestros humanos" (C. 45,2) ¿Por qué? porque dan la prioridad a la experiencia de Fe, fundada en Cristo y el Evangelio que sobrepasa toda cultura. Esta no es un obstáculo para el monacato porque éste la cruza de parte a parte,aunque él mismo es una realidad vivida en el interior de una cultura.

Esta mirada profunda no puede hacerse ni enraizarse más que en la Resurrección de Cristo que sobre pasa el tiempo, el lugar, las modas y las culturas. Me parece que existe cierta analogía aquí con la frase de Pascal: "El hombre supera al hombre"

Esta pedagogía de transformación, si quiere ser "adecuada", respecto a la cultura y a nuestro tiempo, podría poner el acento sobre la Kénosis. Creo que para las novicias de las que estuve encargada, vivir este aspecto del Misterio de Cristo, era a la vez el esfuerzo más necesario y el más costoso. Pero el novicio no puede comprometerse en este esfuerzo mas que si el Maestro y la Comunidad le acompañan en el camino del despojamiento.

 

2. LA KENOSIS DEL DISCIPULO

¿Por qué la Kénosis? Porque ella es el camino abierto por S.Benito: "Participaremos por la paciencia en los sufrimientos de Cristo, para ser admitidos en su Reino" (RB, Pról 50). Sólo hay que hacer entrever esto al aspirante, pero sin ocultárselo.

¿Por qué aún? Porque este es el camino que siguieron nuestros Padres."La primera lección en esta Escuela de Caridad, será Jesús Crucificado, lección que durará toda la vida."

El joven que entra en el monasterio es puesto en contacto con un ambiente de formación que le permite poco a poco comprender que le es necesario llegar a vaciarse y hacerse tan obediente como Dios llegó a serlo por él, y al mismo tiempo llegar a tener en cuenta su exaltación: no solamente las pasiones que hunden profundamente sus raíces en su corazón, sino también todo lo que él ha acumulado por medio de la cultura ambiente, pues es sobre todo de esta cultura de post-modernidad de la que está impregnado, esta cultura de la que ahora se distancia para hacer una elección aprendiendo a considerarla a la vez como una compañera y como un adversario.

* Enfrentado a la simplicidad

Se enfrenta a la simplicidad, al despojamiento. Pasar de frecuentar los ídolos del tener, que son: el dinero, el confort, el consumo,... a un estilo de vida sobrio, ordinario, elemental, puede provocar un choc.

La kénosis le permitirá realizar este desplazamiento desde el tener al ser.

* Enfrentado al sufrimiento

Está enfrentado a lo que tiene sabor a sufrimiento: la obediencia, la paciencia, la renuncia a la propia voluntad bajo todas sus formas, que le parecen intolerables, porque la cultura ambiente rechaza la cruz y todo lo que es negativo (accidente, enfermedad, incomodidad, conflicto...)

* Enfrentado a la oblación

Está enfrentado a la oblación. Aprende a no buscar lo que es útil para sí, sino para los demás. Ahora bien, nuestra época proclama la exaltación del individuo en la búsqueda de su placer, de su sentimiento, de su bienestar. El único pecado será no autosatisfacerse.

Sólo renunciando a esta facultad de gozar, es como podrá ofrecerse en cada instante a Dios, y al otro.

En este combate real que hace daño ¿no es necesario animar al discípulo a dejarse despojar, a decir simplemente a Dios: "Señor, toma mi espíritu y mi voluntad, y purifícalos", e invocar la dulce mano de María?

 

3. LA KENOSIS DEL MAESTRO

Más que ningún otro de la Comunidad, el P.Maestro es conducido a vaciarse de sí mismo

* para interiorizarse

* para escuchar y decir una palabra

* para discernir

no solamente lo que debe decir a cada uno, sino también lo que le pueden pedir; para escoger el momento en que hay que esperar y en que hay que exigir.

Vaciándose de sí mismo es como llegará a desarrollar sus facultades de comprensión, de adaptación, de creación, pues es imposible dilatar el alma de otro si no dilatamos la nuestra. Para transmitir la vida, antes hay que experimentarla.

 

4. LA KENOSIS DE LA COMUNIDAD

La comunidad no podrá ser formadora mas que si acoge para transmitir lo que ella ha recibido y que viene de más allá de sí misma. Para que la vida circule libremente de un miembro a otro hay que tener corazón de pobres, forjados largamente en la ruda labor de la escucha de la Palabra, de la obediencia mutua y del perdón. La transmisión que comprende este dar-recibir pasa por la kénosis.

La comunidad que acoge se enfrenta:

* al ser extraño del otro

* al cuestionamiento del otro

* a su propia fragilidad

¡El joven viene de un mundo tan diferente del suyo! El trabajo de la kénosis será dejar los aprioris, intentar comprender, dar confianza, reconocer los valores y los límites de los jóvenes y de su cultura.

En fin de cuentas, esta acogida, esta transmisión conducen a una caridad fraterna llevada a su punto culminante en la ceremonia de la profesión donde el joven profeso canta su "suscipe" por tres veces, y la comunidad le responde enseguida.

Podemos acogernos unos a otros porque antes hemos sido acogidos por Dios. Esto es lo que se proclama en cada profesión: "Recíbeme en la Escuela de la Caridad", se podría decir. Y para significar que esta Escuela no es una colectividad anónima, sino una comunión de personas, de pecadores perdonados, unidos a Dios y entre ellos, el nuevo profeso se arrodilla delante de cada miembro de la comunidad, le pide que ore por él y lo abraza. La kénosis del discípulo y la kénosis de la comunidad conducen a la Comunión. El nuevo profeso puede entonces llegar a ser hermano de todos los hombres, sin distinción de tiempos y de culturas.

 

 

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