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PRÓLOGO
Todo libro que se precie ha de tener una buena editorial y un prólogo firmado por un buen padrino. Todo esto puede ser la clave para que llegue a ser, en el mejor de los casos, un BEST-SELLER. Pues bien, en este caso me temo que están Uds. en presencia de un libro que puede llegar a ser justamente todo lo contrario, es decir, un "WORST-SELLER" ("el peor vendido", para aquellos que no saben inglés), pues el libro lo publico yo por mi cuenta y el padrino en cuestión que firma el prólogo soy yo mismo, como podrán comprobar más adelante.
Pero no importa; aquí lo interesante es poder dejar constancia de todo aquello que uno escribe, aunque sea haciendo frente a lo que yo llamaría un parto literario en el que no existe comadrona.
Dicho esto, quisiera advertir al lector que este libro es, por decirlo de alguna manera, como la miel, o sea, que a cucharadas pequeñas sabe mucho mejor. Para aquellos que no hayan entendido la metáfora lo diré de otra manera: No hay que leerlo ni seguido, ni de una sola vez, ya que puede resultar indigesto.
Yo les recomiendo que lo tengan siempre al alcance en la mesita de noche o en el cuarto de aseo y que lo lean a ser posible mientras hacen un esfuerzo para no dormirse o cualquier otro tipo de esfuerzo, Uds. ya me entienden.
La ventaja de este libro es que, al contrario de los demás, puede empezar a leerse "datrás palante" o "dalante patrás", sin tener que andar pensando en cada momento en quién será el asesino. No vayan a creerse que todos los libros tienen esa ventaja.
Su objetivo es el de entretenerles algún ratito, hacerles pensar en alguna ocasión, e intentar de vez en cuando arrancarles una sonrisa.
Para terminar esta
introducción, quisiera hacerlo recordando una frase del genial
Groucho Marx, que decía
más o menos así: "Desde el momento en que cogí
su libro me caí rodando de risa. Espero poder leerlo algún
día".
Yo mismo
Paco Fernández