Francisco Fernández Ruiz, asturiano de nacimiento y valenciano de adopción, tuvo que cambiar, por motivos de trabajo en 1989, su ciudad de Sueca y sus paellas por la de Bruselas y sus instituciones europeas.

Un cambio tan brusco solamente podía soportarse con sentido del humor y eso, los que le conocen, saben que a Paco no le falta.

En sus ratos libres se dedicó a coleccionar vocablos españoles para posteriormente ir haciendo definiciones humorísticas de todos ellos. Se trataba de un proyecto que le rondaba desde hacía muchos años.

Fue para él una manera de combatir con optimismo la lluvia, los fríos del invierno y ese color del cielo permanentemente gris de la llamada Capital de Europa y sus alrededores.

El resultado de todo ello, para bien o para mal, lo pone de manifiesto en esta primera experiencia literaria.